Feb 9, 2011
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Manual de superviviencia para grupos emergentes

¿Eres uno de esos músicos recién llegados que lucha por sobrevivir en los nuevos tiempos? ¿Te has decidido por fin a autoeditar tu disco? ¡Estupendo! Pero antes de lanzarte al vacío, recomendamos que tengas en cuenta algunos asuntos clave. Ésta es una radiografía a la industria musical del siglo XXI.

Empecemos por el principio. Hace unos días la industria discográfica, acostumbrada a quejarse, publicaba un informe con cifras alarmantes. Al parecer, las pérdidas alcanzan ya un 80% desde al año 2001, según la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI). Las empresas del sector achacan la caída a la piratería y las descargas no consentidas. Tengan razón o no, lo cierto es que nos encontramos ante un duro proceso de transición impulsado por los nuevos tiempos. Lo viejo se está muriendo y lo nuevo no acaba de despegar. ¿En qué se traduce todo esto? Básicamente en que nadie se atreve a apostar por los nuevos talentos (eso va por ti). Mientras las multinacionales aguantan el tirón a base de fusiones y despidos de plantilla, las compañías independientes reclaman a la desesperada drásticas medidas para su supervivencia. “Con estos datos, quizá lo más preocupante es la caída de los artistas noveles” asegura Antonio Guisasola, presidente de Promusicaeen declaraciones al diario El País“En dos años no ha habido ninguno en el top 50. Se les está cerrando la puerta porque para crear un artista nuevo hay que invertir y arriesgar mucho más”A los grupos emergentes (y no tan emergentes) no les queda más remedio que la autoedición. Y no es un camino de rosas.

Hace un año, ese mismo periódico afirmaba que, para dar a conocer un nuevo artista, las discográficas se debían gastar la friolera de 258.000 euros en adelantos a artistas, 169.000 euros para la grabación del disco, 140.000 euros para la realización de los videoclips, 92.000 euros para las giras de respaldo y 118.000 euros para promoción. Vamos que se tienen que gastar una pasta y no está el horno para bollos.

Sin duda, los datos son engañosos, pues sólo pertenecen al denominado ‘mainstream’ (los peces gordos, para entendernos) y no se pueden extrapolar a todos los proyectos discográficos. “Si alguien hubiera invertido ese dineral en alguno de mis grupos, incluido el más cutre que haya tenido jamás con 15 años, ahora mismo os escribiría desde mi isla en la Guayana Francesa. Los costes en España son otros bastante diferentes escribía en su blog el productor Antonio Escobar en respuesta al mencionado artículo. “Hace seis años, el coste de un disco en España rondaba entre 24.000 y 50.000 euros. Esta cifra ha ido cayendo y hoy la cosa ronda entre 2.000 y 6.000 euros. El artista graba todo lo que puede por su cuenta (en su casa, vaya), los músicos tocan de ‘colegueo’ (gratis, por hacer el favor). Se suprime la figura del productor, del arreglista, el mastering lo hace cualquiera y muchas veces la mezcla se la hace el músico en casa”. ¿Y la promoción? “Hace seis años el coste en promoción de un disco era entre 40 y 50.000 euros. Hoy en día se invierte entre cero y 1.500 euros en promoción: los artistas pequeños no la tienen”.

EL DISCO EN FORMATO FÍSICO

No veo ninguna señal que las ventas de discos vayan a mejorar, debido a que no tiene nada que ver con la calidad de la música”. Esto es lo que opina el crítico estadounidense Robert Christgau. Y es que seamos claros, Internet ha sido un mazazo para la industria del disco tal y como la conocemos. Lejos de entonar el ‘mea culpa’, la industria denuncia que es imposible competir contra lo que ellos denominan el ‘gratis total’. Y algo de razón tienen.

Pero el pesimismo no ayuda. Negarse a aceptar el cambio e invocar con nostalgia los viejos modelo de negocio es un suicidio.Sí se puede competir con el gratis, nadie dijo que fuese fácil”, escribía Julio Alonso (fundador de Weblogs SL) en su Twitter, mientras se celebraba en la Academia de Cine la ya célebre reuniónentre internautas e industria cultural.

“La industria discográfica de este país tiene muchos pecados que purgar, y los está purgando” afirmaba Lapido ex líder de 091 en declaraciones vertidas en el diario El País (sí, qué pesados estamos con El País). “Históricamente se han dedicado a buscar el beneficio a corto plazo, sin cultivar carreras de largo recorrido de artistas con criterio. No han ejercido una labor educativa con el público potencial. Han primado la horterada rentable de usar y tirar, y ahora que la gente se puede bajar la horterada gratis, se quejan”.

El soporte físico es inviable (por si alguien no se había dado cuenta). La resurrección del vinilo es el último coletazo de una industria que hace aguas. Hace no tanto tiempo, la cosa era bien distinta. En los años 80 las discográficas anunciaron la defunción del viejo formato y comenzó el reinado del CD, supuestamente de mejor calidad. Se comercializaron costosos reproductores para el nuevo revolucionario invento y los catálogos fueron reeditados. Pasados los años de bonanza, el vinilo no es la mejor solución, pero sí un nuevo nicho de mercado destinado a los melómanos más fetichistas (en el buen sentido) para quienes escuchar un vinilo es todo un acto de romanticismo.

Si en los 80 fueron las discográficas las que quisieron acabar con el vinilo, en el siglo XXI ha sido Internet la que ha dictado sentencia de muerte al CD.Sí, damas y caballeros. El CD está muerto. Es aparatoso, incompatible con las nuevas tecnologías, un engorro. El público lo no quiere. Sin embargo, la red es un puerto en el que la industria sigue siendo incapaz de desembarcar. Spotify, nos dicen, no es la solución. “No se puede competir con el ‘gratis total’”.

GRABACIONES EN HOME-STUDIO

Todos estamos de acuerdo, las nuevas tecnologías molan mucho. El ordenador ha democratizado la grabación musical y ha abaratado los costes. Ahora cualquier grupo puede grabar sus canciones con un sonido más o menos decente inimaginable hace no tantos años para una maqueta. Sin ir más lejos, algunos discos editados en pequeñas compañías independientes han sido grabados en home-studio. Pero no nos dejemos engañar, para sonar bien se necesita personal experto y un equipo lo más profesional posible. Cuanto más inviertas mejor será el resultado. En definitiva, para destacar, los grupos tienen que invertir pasta.

INTERNET COMO MEDIO DE PROMOCIÓN

Internet también mola mucho, es verdad. En eso también estamos todos de acuerdo. Ahora un artista puede publicar una canción desde su casa en Almendralejo (por ejemplo) y automáticamente alguien puede escucharla desde Japón (desde China puede ser más difícil, dependiendo de qué trate la canción). La tecnología hace posible eso. Miles y miles de grupos emergentes pueden tener una grabación decente disponible bajo el brazo distribuida a bajo coste en Internet.

El problema radica en que, precisamente, son miles y miles de grupos (millones, más bien). La red está saturada; hay mucha oferta y resulta difícil separar el grano de la paja. Innumerables propuestas originales e interesantes pasan desgraciadamente desapercibidas para el público. Incluso, separando el grano de la paja y quedándonos sólo con los granos, la cantidad de grupos de calidad es muy elevada. La única solución es invertir en una buena promoción (algo que no está al alcance de la inmensa mayoría de los grupos, que tienen que pagar el alquiler de sus locales de ensayo, de las salas de conciertos y de sus casas). Y es que una buena promoción es una buena promoción, no un mailing list ni un bombardeo de spam. En definitiva, como decíamos antes, los grupos tienen que invertir pasta para destacar.

¡VIVA LA AUTOEDICIÓN!

Efectivamente, los nuevos grupos lo tienen jodido. En eso las cosas no han cambiado tanto. Las discográficas no apuestan por invertir en un nuevo lanzamiento de alguien a quien, encima, tienen que promocionar. Así que ¡viva la autoedición! ¡Do it yourself!

Pero no todo es tan sencillo. Como decíamos la industria está en transición; los viejos soportes mueren y los nuevos no terminan de aparecer. El CD está en decadencia sí, pero aún es imprescindible ‘tener un disco en el mercado’ para que te tomen en serio. En formato físico, evidentemente. No tener un CD en las tiendas es sinónimo de ser amateur. A esto le podemos añadir cierto conservadurismo de la crítica musical, empeñada en recibir las novedades en formato físico (¡adáptense carajo!), lo que aumenta considerablemente los gastos en promoción. Se dice que el próximo paso en cuanto a soportes serán las aplicaciones multimedia, que vienen a ser como discos digitales con abundante material extra. Pero todos estos cambios, tardan en despegar.“No se puede competir con el ‘gratis total’” (sí, ¡ya va sonando más bien a una excusa para seguir sin mover el culo!).

¿Y si me ahorro planchar mi disco en CD, diseño mi propia aplicación multimedia y me doy de alta previo pago en Spotify? Es una buena idea pero, volviendo a lo de antes, ¿cómo vas a promocionar todo esto? ¿Cómo sabrá el público que existes? Imaginando que tengas ahorrado tanto dinero como para un organizar un buen lanzamiento con una buena promoción, ¿cómo piensas recuperar lo invertido?

Lo dicho, los grupos tienen que invertir pasta para destacar… y no todo el mundo es millonario. Pero bueno, no te quiero desanimar. ¡Fíjate Vetusta Morla lo majos que son y lo bien que les va (con el apoyo de Warner)! Lo mismo tienes suerte, tu música es cojonuda y llegas al corazón de la gente… y lo recuperas todo a base de directos. Luego puedes empezar a ahorrar para hacer otras cosas más interesantes, como comprarte un Porsche.

PROPIEDAD INTELECTUAL

La industria cultural exige un cambio de legislación que regule el tráfico de contenidos en la red que ponga fin a las descargas no consentidas, que ellos consideran ilegales. Al otro lado de la balanza, las asociaciones de internautas de nuestro país reclaman una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual que adecue los derechos de autor a los nuevos soportes. Ambos están de acuerdo en que la ley ha quedado obsoleta. Sin embargo, las diferencias en cuanto al rumbo que debe tomar la nueva norma son aparentemente irreconciliables.

Las entidades de gestión de derechos de autor, por su parte, han mantenido durante años una lamentable política de comunicación. En este sentido es la SGAE la que se lleva la peor parte. La organización está empeñada al parecer en convencer al público de que es una asociación filántropa sin ánimo de lucro, una especie de sindicato de autores que lucha por los derechos del sector. Les ha salido el tiro por la culata: su apoyo al canon, sus comportamientos de dudosa moralidad y su falta de transparencia la han convertido en la mala de la película. Mientras es percibida por gran parte de opinión pública como una especie de mafia, laComisión Nacional de Competencia la acusó el pasado año de prácticas monopolísticas y recomendó al gobierno una liberalización del sector.

A lo largo de los últimos años de crisis musical (y económica), la SGAE ha visto cómo sus ingresos han incrementado extraordinariamente. Ingresos que, por otro lado, no ha reinvertido en la búsqueda de nuevos modelos de negocio, ni en el apoyo a los autores de base. Echando la vista hacia atrás, uno se da cuenta de que la entidad no ha fomentado una reconversión de la industria que la adaptase al siglo XXI.

En resumen, la SGAE es una empresa que finge no ser una empresa.

Está bien. Visto cómo está el patio y a falta de otras alternativas, quizá hayas tomado la decisión de no ver ni un céntimo en materia de derechos de autor. Si es así, siempre puedes optar con la libre difusión de tu música bajo una licencia copyleft. Independientemente de esto, ten en cuenta que los derechos de autor son tuyos y la ley te da libertad a la hora de gestionarlos como te de la gana. Si lo que te interesa es un término medio entre copyleft y copyright, no olvides que siempre puedes ser tú el encargado (siempre que tengas tiempo y no seas un auténtico inútil legal). Sí, se echan en falta más alternativas.

INDUSTRIA DEL ESPECTÁCULO

Hace poco más de un año, músicos y artistas se manifestaban reclamando mayor movilización por parte del gobierno para acabar con las descargas no consentidas. No todos estaban allí“La mayor parte de los músicos de hoy no nos hemos manifestado porque nunca nos hemos pagado el alquiler con la venta de nuestros discos” afirmaba Julio de la Rosa en su blog“Miles de músicos están contentísimos con Internet porque ahora pueden llegar a un público que antes tenían vetado por la estructura industrial, contentísimos de poder tocar en una pequeña sala y que vayan a verles; algunos, incluso, por fin están haciendo caja”.

La crisis discográfica no afecta a la industria del espectáculo. Eso es lo que piensan los empresarios Gay Mercader, Roberto Grima y Pino Sagliocco. “Se equivocaron, pensaron que atacando Napster seguirían con sus privilegios y la fastidiaron, han perdido un tren que no podrán coger” afirmaba Mercader en este reportaje, mientras defendía la creciente cultura musical del público y su asistencia masiva a los espectáculos en directo.“Antes se hacían giras para promocionar los discos y ahora sacan discos para poder hacer giras”.

Pero la cosa cambia en la escena más underground. Existen multitud de bandas dispuestas a tocar donde sea y como sea y las salas de conciertos lo saben. En las grandes ciudades, tenemos toda una gama de condiciones abusivas con alquileres desorbitados. Para un grupo emergente, organizar un concierto en una sala significa pagar por tocar… para la mayoría de las veces terminar siendo puteado por el gerente de turno. Pero, no nos engañemos, también hay salas que programan conciertos sin necesidad de alquiler. Se dividen en dos clases, las que tienen público propio y las que no. Estas últimas son geniales si eres la alegría de la huerta y tienes un montón de amigos que se comprometen a acudir a tus conciertos. En cuanto a las otras, más te vale ser muy amigo de alguien que sea amigo de otro alguien que conozca muy bien al dueño de la sala, porque sino tus maquetas irán directamente al cubo de basura.

DAVID LITTLE ThrillerWebzine.com

Fotografía conciertos: Anna Mets (Subersubmarina, Sala Penélope) Fotografía cd:  Juehua Yin

Noé Pacheco


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